26 septiembre 2015

Hugo Gutiérrez Vega (1934-2015)

Por José Ángel Leyva me enteró de que se ha ido mi "paisano" Hugo Gutiérrez Vega. "Paisano" me llamaba las veces que nos encontramos, desde la primera, cuando él se enteró de que yo era extremeño de nacimiento y yo de que él lo era de adopción, y casi de elección, desde una de sus estancias diplomáticas en España, allá por los años setenta, en la que había descubierto mi tierra y escrito sus Cantos de Plasencia. Cada una de esas veces, me quedé con ganas de decirle que ese vínculo de paisanaje era doble, pues si él se reconocía en aquellos paisajes de Extremadura, en aquellas piedras y calles de Plasencia, yo ya me había dejado parte de mi alma en su Jalisco natal, la Jalisco de Orozco, de Rulfo, de Arreola, de Luis Barragán... y de Gutiérrez Vega. Pero nunca lo discutí con él, así que no viene al caso hacerlo ahora. Ahora, mejor recordarlo con uno de sus poemas, justamente uno de sus Cantos de Plasencia.


Yo te soñé, Ciudad,
formé tus calles,
disipé tus ruinas,
levanté catedrales en el viento
y coloqué tus piedras inmortales.
Inauguré un planeta
para verte, rota y encanecida,
levantada para volver a ser.
Mucho me iba en esta loca empresa.
Pensé que si existías
mi ser sería de nuevo.
En esta tarde,
con un sol llagado
al que niegan las nubes,
te contemplo.
Ciudad de sueño,
cómo pesa tu piedra contra el tiempo,
qué pequeña la piedra que me aplasta;
cómo mi ruina es un pájaro mínimo
perdido entre la niebla.
Cómo tu ruina resplandece sin sol
—Ay pobres canas de mi débil cráneo—,
mientras tu torre entre la lluvia tiembla.
Pido refugio. El tiempo me concede
descansar en tu seno silencioso.
Tú siempre eres;
mi sueño se fundió con otros sueños.
Estás aquí y te pido que me esperes.

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